El día después del ruido: La verdadera revolución no declara guerras, educa desde la cuna.

- Estudio Once Radio

El día después del ruido: La verdadera revolución no declara guerras, educa desde la cuna.
El día después del ruido: La verdadera revolución no declara guerras, educa desde la cuna.

Ayer pasó otro 8 de marzo. Las calles de nuestra América Latina volvieron a llenarse de reclamos vitales contra la violencia, pero también, como ya es costumbre, de un ruido ensordecedor impulsado por radicalismos que dividen más de lo que sanan. En este 2026, es momento de una pausa adulta. La verdadera conquista de derechos no requiere de consignas extremistas ni de mujeres que deban disfrazar su identidad para encajar en colectivos ciegos. La igualdad real se construye con amor propio, coherencia y, sobre todas las cosas, educando a nuestros niños varones en la inteligencia emocional. Porque si no sanamos la raíz, seguiremos cortando las mismas malas hojas año tras año.

¿Cómo están?

Ayer fue 8 de marzo. Hoy los ecos de las marchas se apagan, los posteos de redes sociales quedan sepultados por el algoritmo y el lunes nos devuelve, de un cachetazo, a la realidad. Y la realidad en Uruguay y en toda América Latina nos exige mucho más que un día en el calendario nos exige sentarnos a pensar con madurez, sin fanatismos y con las cartas sobre la mesa.

Por un lado, tenemos la lucha legítima, incuestionable y dolorosamente necesaria de la mujer. El reclamo por caminar sin miedo, por la igualdad de oportunidades, por erradicar la violencia intrafamiliar que sigue siendo una pandemia silenciosa en nuestros barrios. Esa es la base que nos humaniza.

Pero por otro lado, se ha enquistado una corriente radical que ha secuestrado parte de ese mensaje. Movimientos que, desde la comodidad de la teoría extrema, han convertido la búsqueda de equidad en una guerra de bandos. Consignas anti-hombres que destilan el mismo odio que dicen combatir.


Coherencia y acercamiento necesario

El feminismo histórico pedía un asiento en la mesa de las decisiones. Ciertos radicalismos actuales parecen proponer prender fuego la mesa y, de paso, la casa entera. Y sobre las cenizas, créanme, nadie construye una sociedad sana.


La trampa de la pertenencia y la pérdida de identidad

Veo con mucha preocupación a mujeres —especialmente a las más jóvenes— cayendo en lo que técnicamente llamamos "desindividuación". Es ese fenómeno donde la persona pierde su identidad individual para fundirse en la masa.

Chicas que sienten la presión de modificar su cuerpo, de afearse a propósito, de cambiar su forma de vestir o de hablar, e incluso de adoptar posturas agresivas, solo para ser validadas por un grupo extremista. Eso no es liberación, es cambiar de carcelero. La verdadera libertad de una mujer es la coherencia. Es poder luchar por sus derechos siendo femenina si así lo desea, siendo madre, profesional, usando maquillaje o no usándolo, pero desde una elección genuina, no para "demostrarle" rebeldía a un colectivo que no tolera el disenso. El amor propio no se mendiga en asambleas se forja en el espejo, con respeto hacia uno mismo.


La violencia y el enemigo equivocado

La violencia intrafamiliar es una herida abierta. En 2026, los números siguen doliendo. Pero el error garrafal de estos tiempos es creer que el "hombre" por su condición biológica es el enemigo. El enemigo es la falta de educación. El enemigo es un tejido social roto.

Cuando un movimiento te dice que la mitad de la población mundial es tu oponente, te está vendiendo una mentira tóxica que destruye familias. Necesitamos hombres y mujeres sentados en el mismo lado del sillón, resolviendo el problema.


La verdadera revolución: Educar al niño varón

Y si vamos a hablar de soluciones, hablemos de la raíz. Nos hemos pasado las últimas dos décadas empoderando (con justa razón) a las niñas, diciéndoles que pueden ser todo lo que deseen. ¿Pero qué hicimos con los varones? Los dejamos a la deriva, consumiendo un mundo digital violento, sin darles nuevas herramientas para una sociedad que cambió.

Hoy, la prevención de la violencia contra la mujer no empieza en un juzgado empieza en el patio de la escuela y en el living de tu casa, criando al niño varón.

Necesitamos con urgencia aplicar conceptos de regulación emocional desde los tres años. Tenemos que enseñarle a ese niño que la tristeza no se tiene que transformar obligatoriamente en ira. Que la frustración es parte de la vida y hay que tolerarla. Que el "no" de un compañerito o compañerita no es una ofensa a su ego, sino un límite sano que debe respetar.

Tenemos que construir en nuestros hijos varones una autoestima tan sólida y una capacidad de análisis racional tan fuerte, que el día de mañana no necesiten someter a una pareja para sentirse importantes. Si logramos criar hombres emocionalmente inteligentes, habremos erradicado la violencia desde la matriz.


El legado para el futuro

A vos, que estás leyendo esto. A la madre que cría sola, al padre que intenta entender estos nuevos tiempos, al joven que se siente señalado injustamente, y a la mujer que defiende sus derechos trabajando todos los días con dignidad: no dejen que las redes sociales y sus algoritmos de odio les dicten cómo pensar.

Tengan la valentía de ser moderados. Hoy, en un mundo polarizado, la sensatez es el acto de rebeldía más grande.

Podemos y debemos proteger a nuestras mujeres. Podemos y debemos ser implacables con los violentos. Pero eso se logra con leyes justas, con educación temprana y con familias presentes. Nunca desde el resentimiento.

Cuidemos nuestros vínculos. No compremos discursos prefabricados que nos alejan de nuestros hijos, de nuestros padres o de nuestras parejas. En Estudio Once seguiremos apostando por la razón, por la empatía y por la verdad. Porque al final de todo este ruido, lo único que nos va a salvar, es saber mirarnos a los ojos y reconocernos como iguales.


Jorge  - Estudio Once Uruguay


MINISTERIO DE DESARROLLO SOCIAL: Mes de las mujeres


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