Mirar a los ojos a la soledad: Lecciones de un perro viejo para el año que llega

- Estudio Once Radio

Mirar a los ojos a la soledad: Lecciones de un perro viejo para el año que llega
Mirar a los ojos a la soledad: Lecciones de un perro viejo para el año que llega

Hoy es 28 de diciembre. Mientras algunos celebran la inocencia con bromas, la vida real sigue su curso, a veces silenciosa, a veces cruda. Una parada en una estación de servicio en Rocha, la mirada de un animal y la psicología de "soltar mochilas" se cruzan en este artículo para ayudarte a cerrar ciclos y entender que no hay tragedia cuando aprendemos a encontrar la salida.

Hola, como están ?

28 de Diciembre. Para muchos es el día de los inocentes, una fecha marcada en el calendario para la risa fácil o la chanza liviana. Pero para el resto, para la inmensa mayoría silenciosa, es un día como cualquier otro. O quizás, un día donde la realidad pesa un poquito más.

No hay mejor excusa que esta fecha para charlar en serio sobre nuestra edad, nuestra vida y este curioso devenir de los años. Porque mientras algunos celebran bromas, otros celebran pequeñas victorias invisibles: que hoy hubo algo para poner en el plato o, simplemente, que alguien les dio esa charla necesaria para espantar la cruel soledad.

El maestro de la estación de servicio

El lunes, llevando a mis hijas, paré un rato a la mañana en la más conocida de las estaciones de servicio de la entrada a la ciudad de Rocha. Siempre es un buen lugar para estirar las piernas y tomar un café una pausa necesaria. Ustedes saben que tengo un compañero fiel, un Border Collie siempre inquieto —y aún me pregunto quién tuvo más suerte de encontrarse, si yo a él o él a mí—. La verdad es que si hay algo que me puede, son los animales.

En uno de esos ratos, alguien se sentó a nuestro lado. No pidió nada. Simplemente nos miró. Se sentó cordialmente, con esa dignidad que a veces a los humanos nos falta. Esa actitud hizo que se ganara alguno de los bocadillos que habíamos comprado.

No sé el nombre de ese perro viejo, seguro alguno de ustedes alguna vez me lo comenta, pero la cosa no está en el nombre, sino en lo que pensé al verlo. Me vino al pelo para analizar cosas que veo cada dia.

Ese veterano de la calle, que vaya a saber uno de dónde vino o qué tormentas atravesó, aceptaba su realidad sin quejas. No había reclamos en su postura, ni rastro de depresión clínica en su mirada. Simplemente estaba allí, levantando la mirada. Necesitaba de la solidaridad humana, sí, pero sabía esperar sin exigir.

Hace poco leí esta frase:"Solo aquel que ama sabe alejarse sin dañar, sabe curarse sin sacrificarse". Y ahí estaba el perro, encarnando esa sabiduría. ¿Cuántas veces nosotros, supuestamente más racionales, nos quedamos ladrándole a la llanta de un auto que ya pasó?

Resiliencia: Las arrugas del alma

Y acá te pregunto a vos: ¿Levantaste la mirada?

Vos, que viviste un año cíclico, que estuviste rodeado de contrariedades. Vos, que viste finalizar historias —algunas las entendiste y cerraste el duelo, otras todavía duelen como una herida abierta—. ¿Estás pronto para un nuevo año?

En psicología hablamos mucho de la  Aceptación Radical.  Ese perro viejo entendió cómo esperar sin estridencias, pero siempre estar. Entendió que la vida, a veces, nos obliga a depender de la compasión de los demás, pero eso no nos quita valor.

No por necesitar ayuda debemos detenernos al contrario, debemos tratar siempre de hacernos fuertes por nosotros mismos desde esa vulnerabilidad.

El tiempo es implacable. Nos da arrugas y músculos menos firmes, es cierto. Pero a cambio nos regala algo que no se compra en farmacias: madurez emocional. Nos da capacidad de análisis y, ante todo, una extrema resistencia al dolor.

Eso que sentís no es solo vejez, es resiliencia. Cada vez que trastabillaste o que la vida te quiso derribar y no pudo, generaste un anticuerpo emocional. Utilízalo. Usa todo eso en tu beneficio personal, pero también para sostener a los que te rodean.

Cambiar la mochila por el morral

Hay otra frase sabia que debemos grabar a fuego en nuestra conciencia: "No hay tragedia cuando hay salida".

Si logramos interpretar el peso de esa aseveración, ningún día será vivido en vano. Si entendemos que el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional (y se perpetúa cuando nos negamos a ver la salida), encontraremos nuestro propio lugar en el mundo.

Tal cual aquel perro viejo esperando su premio, vos también recibirás lo tuyo si dejas de pelear contra la realidad y empiezas a habitarla.

Los invito a un ejercicio para este 2026 que se asoma:

Quita las mochilas viejas.Esas pesadas, cargadas de culpas, de "lo que debería haber sido", de rencores antiguos.

Esas mochilas te joroban la espalda y no te dejan caminar.


Cámbialas por un morral liviano.En ese morral solo cargá tu identidad (quién sos hoy, no quién fuiste), una muda de ropa emocional (nuevas actitudes) y agua fresca (esperanza).

Siéntate unos minutos de tu tiempo cada día —es una técnica básica de mindfulness o atención plena— y piensa en el lugar y el momento que te hace más feliz. Visualízalo. Recuerda a tus buenos vínculos, dales entrada mental a las personas positivas y avanza.


Tu salud mental es tu prioridad

Un nuevo año se acerca. Por favor, no bases tu realidad en las redes sociales, donde todos parecen felices y perfectos. Eso es un recorte, no es la vida. No vivas de historias pasadas.

Crea historias nuevas, destacadas en tu propia memoria. Y siéntete tranquilo de seleccionar a quienes quieres cerca. Estás en todo tu derecho de elegir a quién ya no quieres pararte al lado a pedir un poco de su bondad.


Poner límites es salud. Elegir tu paz es salud.
Levanta la mirada, como el viejo perro de la estación, y recibí lo bueno que está por venir.


Jorge - Estudio Once 


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