












Vos podes tener el mejor equipo de sonido del mundo en el living de tu casa, pero nada, absolutamente nada, se compara con la experiencia de ir a un concierto.
Cuando las luces del estadio o del teatro se apagan, y suenan los primeros acordes, ocurre un milagro sociológico: diez mil personas desconocidas, que piensan distinto y viven distinto, empiezan a respirar y a cantar al mismo tiempo.
En ese momento no importan las deudas, ni los problemas, ni las diferencias políticas.
En ese momento, la música nos iguala a todos. Sentir la vibración de la batería en el esternón y abrazarte con el que tenés al lado gritando el estribillo de tu vida, te libera endorfinas que te resetean la cabeza por semanas.
Si hace mucho que no vas a ver música en vivo, hazte un regalo.
Anda. La energía que te llevas a tu casa no te la saca nadie.