












Hoy es 16 de agosto. Y vamos a decir las cosas por su nombre: hoy es el Día de los Niños.
Sí, eso. No es el "Día de las Infancias" ni ningún otro de esos nombres pulidos que hemos inventado últimamente para decir que son niñas y niños.
Son cosas de la modernidad, se respetan, pero a veces, en el afán de ser tan políticamente correctos, nos olvidamos de la esencia.
Y la esencia hoy nos duele un poco si miramos alrededor. Si leen las noticias del mundo, se van a dar cuenta de una realidad que asusta: el planeta está bajando su natalidad a pedazos. Cada vez nacen menos niños. Las escuelas en algunos países de Asia o Europa están cerrando para convertirse en asilos, y en América Latina vamos por el mismo camino.
Estamos en un mundo que envejece rápido, donde a veces parece que tener un hijo dejó de ser un milagro para convertirse en "una complicación" o donde, como hablábamos el otro día, se reemplaza la crianza humana por el amor a una mascota.
Por eso, hoy más que nunca, es el momento perfecto para seguir haciendo LO QUE HACEMOS SIEMPRE: respetar a nuestros hijos bajo la mirada firme y amorosa de un padre o una madre.
Criar no es ser el mejor amigo de tu hijo. Criar es inculcar valores.
Es sentarse en la mesa a contarles las buenas y las malas historias, porque son esos tropezones y esas verdades las que los van a ayudar a moldear su carácter, su fuerza y su individualidad para cuando salgan a la calle.
Tenemos que mostrarles que la verdadera independencia no es hacer lo que uno quiere sin dar explicaciones. La verdadera independencia es cuando algún día,ELLOS PUEDAN VALERSE POR SÍ MISMOS en base a lo que estudiaron, a lo que aprendieron y a cómo se capacitaron.
Hay que fomentar la educación por encima de todas las cosas. Y sí, por supuesto que siempre estaremos ahí como padres para apoyar sus locuras, sus pasiones artísticas, los domingos de fútbol o el deporte que elijan... pero el estudio y los valores son la raíz del árbol.
Después... después si podes y el bolsillo te da, regala algo. Un juguete, un paseo. Pero yo creo firmemente que si todo lo anterior está en marcha en tu casa, el regalo envuelto en papel brillante va a ser lo de menos.
Aprende a dar abrazos. Aprende a perdonar y hace que te perdonen cuando te equivocas.
Mírate al espejo de lo que vos fuiste a su edad, con tus carencias y tus sueños, y entiende que ellos seguramente deben ser mejores, pero POR ELLOS MISMOS, no para cumplir tus expectativas frustradas. Celebra sus triunfos por ellos,NO POR VOS.
Cobíjalos cuando haga falta, cuando el mundo les pegue un sacudón, pero sin acostumbrarlos a que les resuelvas todo.
Déjalos volar si sabes que ya tienen las alas listas. Deja que el tiempo y la vida hagan su función más cruda y más importante, que es brindar aprendizaje a base de raspones.
Y no nos olvidemos de algo vital. Hoy miras a tu hijo y lo ves chiquito, pero el tiempo es un parpadeo. Mañana va a ser un adulto, pasado mañana le van a salir canas, y un día va a ser un abuelo. Pero la magia de la condición humana es que el envase cambia, la cáscara se arruga, pero el alma no envejece.
Detrás de los ojos cansados de un abuelo, sigue estando ese mismo niño que un día corrió a abrir un regalo. Seguimos siendo niños toda la vida, buscando aprobación, buscando un mimo, buscando que alguien nos diga que todo va a estar bien.
Hoy es el Día del Niño. Y desde aquí, desde Estudio Once, nuestro mayor deseo es que TODOS LOS NIÑOS PUEDAN SERLO.
Que los dejen jugar, que no les roben la inocencia antes de tiempo, y que cada padre y cada madre cumpla su rol, con el corazón lleno y los valores intactos.
Jorge - Estudio Once