












Podés tener todas las aplicaciones de comida en el celular, pero pedir una pizza en caja de cartón nunca va a igualar el ritual de hacerla en casa. El sábado a la tarde-noche pide a gritos ensuciar la mesada con harina.
Hacer pizza es un acto de construcción colectiva. Uno amasa (medio kilo de harina, levadura, agua tibia, sal y un chorrito de aceite), el otro prepara la salsa con tomates de verdad, y los más chicos se encargan de robarse el queso o el jamón antes de tiempo.
No importa si la masa te quedó chueca o cuadrada, o si se te quemaron un poquito los bordes. Comer esa pizza humeante, cortada al medio de la mesa mientras se charla de la semana, es el sabor de la infancia.
Déjate de complicaciones; esta noche cómprate un cuarto de levadura y amasa. Te aseguro que sabe a gloria.