












Nos pasamos la vida entera aislados. Zapatos de goma, pisos de portland, alfombras sintéticas, ruedas de autos.
Estamos literalmente desconectados de la tierra. Sin darnos cuenta, nuestro cuerpo se va llenando de tensión y estática, como una batería que no tiene por dónde descargarse.
Los cardiólogos y especialistas en estrés hoy recomiendan algo que nuestras abuelas hacían por instinto: sacarse el calzado y caminar diez minutos por el pasto, la arena o la tierra. El contacto directo con la superficie natural permite que el cuerpo libere esa carga. Quienes lo practican a diario notan que duermen mejor, que los dolores musculares ceden y que la ansiedad baja de golpe.
Este domingo, si tenes un fondito, un parque cerca o estás en la costa, hace la prueba. Sácate las medias, sentí el frío del pasto en la planta de los pies, cerra los ojos y respira. Volver a las raíces es, literalmente, la mejor medicina.