












Todos sabemos que tenemos que tomar agua, pero seamos sinceros: a veces nos cuesta horrores, sobre todo cuando salimos del invierno y el mate era nuestra única compañía caliente. Las empresas lo saben y nos llenan las góndolas de jugos y aguas "saborizadas" que están repletas de azúcares escondidos y conservantes químicos que nos inflaman.
La tendencia de salud más fuerte hoy es volver a lo básico: las aguas infusionadas.
Es tan simple como agarrar una jarra de agua fresca, cortarle unas rodajas de limón, pepino, unas hojas de menta o unos pedacitos de frutilla, y dejarla en la heladera un par de horas. El sabor que toma es espectacular, súper refrescante y, lo más importante, 100% natural.
Tener una de estas jarras en la mesa de trabajo o a la tarde en casa nos ayuda a limpiar los riñones, mejorar la piel y mantenernos hidratados sin meterle ni un gramo de química al cuerpo. Un mimo fácil para nuestra salud.