


La felicidad no es una sola cosa:










La inteligencia artificial dejó de ser una posibilidad lejana y ya forma parte de la vida cotidiana de millones de estudiantes. Según datos citados en la investigación de LA NACION, una amplia mayoría de los universitarios utiliza estas herramientas para estudiar, mientras que también crece su incorporación entre los docentes.
El problema aparece cuando la tecnología deja de ser una herramienta para potenciar el conocimiento y comienza a reemplazar el proceso de pensar.
La nota de LA NACION recoge experiencias y opiniones de especialistas que advierten sobre una posible dependencia: utilizar la IA para resolver una tarea puede ahorrar tiempo, pero también puede impedir que el estudiante atraviese el esfuerzo intelectual necesario para adquirir determinadas habilidades. Es una diferencia importante: obtener una respuesta no necesariamente significa haber aprendido a construirla.
Un caso citado en la investigación resulta especialmente revelador. Investigadores de la Universidad de Reading encontraron que trabajos universitarios generados completamente mediante inteligencia artificial lograron pasar inadvertidos en una proporción muy elevada de los casos, incluso obteniendo calificaciones superiores a las de algunos trabajos realizados por estudiantes.
Ante esta realidad, algunas universidades y especialistas plantean que perseguir o detectar el uso de IA no alcanza. El camino podría estar en modificar las formas de evaluación: más instancias orales, defensas de trabajos, seguimiento del proceso de aprendizaje y propuestas que permitan comprobar cuánto comprende realmente una persona.
También aparece una pregunta todavía más grande: ¿Qué debería aprender un futuro profesional cuando algunas de las tareas que durante décadas formaron parte de una carrera pueden ser realizadas en segundos por una inteligencia artificial?
La respuesta no parece estar en abandonar el conocimiento tradicional, sino en distinguir aquello que una herramienta puede ejecutar de aquello que una persona debe comprender, cuestionar, relacionar y crear.
Porque una tecnología puede producir una respuesta convincente. Pero todavía necesitamos seres humanos capaces de preguntarse si esa respuesta tiene sentido, qué consecuencias puede tener y qué nueva pregunta nace a partir de ella.
Y quizás allí esté una de las grandes discusiones educativas de nuestro tiempo.
En Estudio Once creemos que las grandes transformaciones tecnológicas también necesitan conversación. No solamente hablar de máquinas, algoritmos y nuevas herramientas, sino hablar de nosotros: de cómo pensamos, cómo aprendemos y qué clase de profesionales —y de personas— queremos formar.
La inteligencia artificial puede cambiar profundamente la educación. La pregunta es si nosotros también estaremos dispuestos a cambiar la manera en que entendemos el aprendizaje.
Fuente y crédito:
Este artículo fue elaborado a partir de la nota “La formación de futuros profesionales, ¿en manos de la inteligencia artificial?”, de Lucila Marín, publicada por LA NACION el 24 de septiembre de 2026.
Leer la nota original en LA NACION
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