Nadie quiere sufrir por amor. Sin embargo, la psicología contemporánea nos invita a dejar de ver al desamor como un fracaso. Cada relación que no funcionó, cada desencuentro y cada "plan B" de la vida nos forjó el carácter. Fueron esos momentos de oscuridad los que nos enseñaron a poner límites, a saber qué queremos y, sobre todo, qué no estamos dispuestos a tolerar nunca más. Las cicatrices no nos hacen más fríos, nos hacen más sabios a la hora de elegir a nuestros compañeros de viaje.
El valor del "desamor": Cómo nuestras cicatrices nos enseñan a amar mejor
Le huimos al dolor y a los desencuentros, pero la madurez nos recuerda que esas heridas son los cimientos más sólidos para construir relaciones reales.
