
Estudio Once Radio


Parecía imposible en ciudades tan grandes como París o Madrid, pero está sucediendo. El asfalto se está levantando para plantar árboles y las calles donde antes había ruido de motores, hoy tienen mesas de café y niños jugando. Al sacar los autos del centro, los comercios locales venden más, el aire se limpia y el nivel de ruido baja drásticamente. Un recordatorio de que las ciudades se construyeron para que vivan los seres humanos, no las máquinas de chapa.











