












Psicologia
Entrar al videoclub era entrar a otro mundo. Había olor a plástico y alfombra. Pasábamos una hora caminando por los pasillos, leyendo la parte de atrás de las cajas gigantes, preguntándole al dueño si la película era buena o si la cinta estaba gastada. Era una salida familiar, un punto de encuentro con los vecinos. Hoy, con mil opciones en la televisión, pasamos más tiempo bajando con el control remoto que mirando la película. Recordar el videoclub es recordar la emoción de la espera y el valor de elegir con cuidado.