












Septiembre tiene una magia que no tiene ningún otro mes del año. Es el momento del renacer. Y si venís arrastrando el cansancio del invierno, el estrés del trabajo o la cabeza a mil por hora, la mejor medicina no está en la farmacia, está en el fondo de tu casa o en un par de macetas en el balcón.
Meter las manos en la tierra nos reconecta con nuestros instintos más básicos.
Nos enseña la paciencia que la tecnología nos robó: una semilla no crece porque le des "actualizar" a la pantalla, crece a su tiempo.
Para arrancar ahora mismo, es el momento ideal para los colores y los olores.
Planta alegrías del hogar, petunias y copetes si quieres color rápido.
Si buscas aroma para las tardecitas, es hora de ir preparando la tierra para los jazmines. Y si te animás a la huerta, tirá semillas de tomate, albahaca y morrón. En un par de meses, hacerte una ensalada con lo que vos mismo sembraste te va a dar una satisfacción inmensa. Volvamos a ensuciarnos las manos; la tierra siempre nos devuelve más de lo que le damos.