Caer de visita sin avisar: El hermoso arte perdido que mató el WhatsApp

Antes, escuchar el timbre un domingo de tarde era una alegría. Hoy, si alguien nos toca la puerta sin mandar un mensaje antes, pensamos que pasó una tragedia.
Hace 16 horas Sociedad

¿En qué momento nos volvimos tan de cristal? Hace veinte o treinta años, agarrabas el termo, pasabas por la panadería y le caías de sorpresa a un amigo o a un tío. Nadie se ofendía si la casa estaba un poco desordenada o si estabas de chinelas.

Te hacían pasar, se armaba la rueda de mate y se arreglaba el mundo.
Hoy, con la excusa de la hiperconexión, levantamos muros. "Mándame un WhatsApp antes de venir", "Avísame a ver si me viene bien". Perdimos la espontaneidad hermosa del encuentro humano.

Convertimos las visitas en reuniones de directorio que hay que agendar con días de anticipación. Capaz que este fin de semana es un buen momento para recuperar esa costumbre.

Cómprate unos bizcochos, toca el timbre de ese amigo que hace mucho no ves y decile: "Pasaba por acá y me dieron ganas de verte".

A veces, las mejores charlas de la vida nacen de una visita inesperada.

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