El derecho a no tener frío: devolver la dignidad a nuestra gente

Cuando las estructuras tradicionales no dan abasto, la empatía de la sociedad civil toma la posta.
Hace 52 minutos Estudio Once Radio

Estamos atravesando la etapa más avanzada de la historia humana. Hablamos de inteligencia artificial, de viajes a otros planetas y de medicina de precisión. Sin embargo, a pocos kilómetros de nuestras casas cómodas y calefaccionadas, hay familias enteras cuya mayor preocupación al irse a dormir es rezar para que el viento no les arranque el nailon del techo.

El derecho a una vivienda digna no es un capricho arquitectónico es la piedra fundacional de la salud mental humana. Desde la psicología clínica y social, sabemos perfectamente lo que ocurre en el cerebro de una persona que vive en condiciones de extrema precariedad: el individuo entra en un estado de "supervivencia crónica".

Cuando una madre no sabe cómo tapar los agujeros de la pared para que sus hijos no se enfermen, o cuando un adolescente tiene que estudiar tiritando de frío con los pies en el barro, la mente no puede proyectar un futuro. La humedad y la miseria no solo enferman los pulmones con asma crónico corroen la autoestima, marchitan la esperanza y generan una depresión profunda. Vivir en estado de emergencia constante no es vivir, es simplemente intentar no ahogarse todos los días.

El límite del Estado y el despertar de la sociedad

Es muy fácil (y a veces muy cómodo) sentarnos en la mesa del domingo a criticar a los gobiernos. Decir que el Estado debería hacerse cargo de todo, que los políticos deberían mirar más hacia abajo. Y sí, la deuda estructural que tiene el sistema con los más vulnerables es innegable. Pero la realidad es cruda: las maquinarias estatales son pesadas, lentas y muchas veces la urgencia del frío no puede esperar a que se apruebe un presupuesto en un escritorio a kilómetros de distancia.

Ahí es donde ocurre la verdadera magia humana. Cuando el sistema no llega, la empatía de la gente de a pie toma la posta.

Y este es el caso de Cireneos y su proyecto "Rancho Cero".

Para quienes no lo saben, la palabra "Cireneo" tiene un origen histórico muy profundo. Cuenta la historia antigua que un hombre llamado Simón de Cirene pasaba por allí y fue obligado a poner el hombro para ayudar a cargar una cruz inmensa que otro hombre ya no podía sostener porque se caía a pedazos por el peso.
Hoy, más de dos mil años después y despojado de cualquier etiqueta religiosa, ser un "Cireneo" es la metáfora más perfecta de la solidaridad humana.

Es ver a un vecino aplastado por el peso brutal de la pobreza y decirle: "Yo sé que no podés más. Dejame que te ayudo a cargar esto un rato".

Los verdaderos héroes no usan capa, usan herramientas

Detrás de este milagro logístico hay un motor humano incansable: Andrés Verde (a quien todos conocemos cariñosamente como el "Gordo" Verde), junto a un equipo de voluntarios, trabajadores sociales y jóvenes que encontraron en este proyecto un sentido para sus propias vidas.

Cireneos no regala cosas por lástima devuelve dignidad. La organización, apoyada íntegramente por empresas privadas y donaciones de gente común, reemplaza los ranchos de costanero y chapa por hogares modulares (contenedores térmicos y aislados) seguros, secos y cálidos. Y lo hacen bajo un pacto de cooperación mutua, donde la propia familia debe involucrarse en el armado de su nuevo hogar.

El impacto psicológico de entregarle una llave a una familia y decirle "esta es tu casa, acá no entra más el agua", es incalculable. Le están diciendo a esos niños: "Vos importas. Tu salud vale". Chicos que antes faltaban a la escuela por problemas respiratorios crónicos, hoy duermen en un cuarto seco. Jóvenes que habían caído en la delincuencia por falta de oportunidades, hoy trabajan armando estas casas para otros, encontrando en el trabajo digno la salida a sus infiernos personales.

Visibilizar para sanar

Nosotros, y quien les escribe, nada tenemos para agregar porque está todo dicho. Los verdaderos protagonistas son ellos, los que están en el barro soldando, construyendo y acompañando a estas familias.

Pero era imperioso tomar este espacio para reconocer el inmenso trabajo periodístico y humano de Patricia Martín y todo el equipo del programa "Todo se Sabe". Con su reciente informe, no buscaron el morbo buscaron la luz. Entraron a los asentamientos con un respeto admirable, le pusieron nombre, rostro y voz a las estadísticas, y nos recordaron a todos que detrás de cada "rancho" hay un corazón que late y que sufre. Lograron sacarnos de nuestra comodidad y nos mostraron que la utopía de un Uruguay sin ranchos es posible si todos empujamos el carro.

Cuidado que no es la primera vez que lo hacen, y tengo que destacar a Ignacio Álvarez el cual escuchaba en aquellas noches de del Plata Fm con su “Historias de Piel” , he disfrutado de su evolución, de sus aciertos y sus errores, pero lo que a nadie le debe quedar la duda por más que sigan intentando meterlo en un empaque de color X es que jamás dejo de practicar el periodismo más profesional que un comunicador debe llevar como bandera : VAMOS POR TODO, VISIBILIZANDO TODO.

Al final de este artículo, van a encontrar el informe completo. Mírenlo. Permítanse emocionarse, permítanse que se les caiga una lágrima. Pero que esa lágrima no sea de lástima, sino de orgullo por la capacidad que tenemos los seres humanos de curarnos los unos a los otros.

El frío duele, pero la indiferencia mata. Que esta nota nos sirva para recordar que todos, desde el lugar que nos toque, con mucho o con poco, podemos ser el Cireneo de alguien que hoy no puede más con su cruz.

Pero, ¿Quiénes son exactamente los que están llevando adelante esta locura hermosa?

Detrás de la Asociación Civil Cireneos hay un motor humano incansable. Muchos lo conocen por su vocación religiosa o por su pasado en el deporte, pero Andrés Verde —el "Gordo" Verde para todos— ha logrado algo que trasciende cualquier sotana o camiseta: logró sentar en la misma mesa a empresarios, voluntarios, profesionales y vecinos con un objetivo que a muchos les sonaba imposible: el proyecto "Rancho Cero".

Cireneos no hace caridad vacía hace justicia social con un método brillante y transformador. No se trata simplemente de comprar un contenedor, tirarlo en un terreno y lavarse las manos. Es un trabajo de relojería humana. La organización, que se financia exclusivamente a través de donantes privados que confían ciegamente en la transparencia del proyecto, identifica a familias que están en vulnerabilidad extrema. Familias donde la humedad enferma a los niños, donde hay peligro de derrumbe o donde directamente se sobrevive al día a día.

Pero aquí viene la parte psicológicamente más valiosa del proceso: la familia tiene que involucrarse.
Cireneos les propone un trato de dignidad. La familia beneficiada debe poner las manos en la obra, preparar el terreno, ayudar en la instalación y ser parte activa de la construcción de sus propios cimientos. Al hacer esto, la casa no es un "regalo" que cae del cielo y que fomenta la dependencia es un logro propio. Es el orgullo de decir "yo levanté mi hogar".

Y la obra no termina cuando se entrega la llave. Ese es apenas el trampolín. Cireneos trabaja en red conectándose con escuelas, centros CAIF y organizaciones del barrio para hacerle un seguimiento a la familia durante dos años. Los asisten, los contienen y se aseguran de que ese techo seco y seguro se traduzca en una vida real: que los chiquilines dejen de faltar a clase por ataques de asma y que los padres puedan salir a trabajar sin el terror de que una tormenta les vuele las chapas.

Eso es Cireneos. Un grupo de gente terca, sana y profesional que se negó a aceptar que la miseria tiene que ser parte del paisaje uruguayo.

Ahora sí, les pedimos que se tomen unos minutos. Acomódense y miren el documento periodístico que armó Patricia Martín y el equipo de Todo se Sabe. Escuchen a esos abuelos, a esos padres, y miren los ojos de esos chiquilines en el momento exacto en que ven doblar en la esquina al camión que trae su casa nueva.

Nosotros desde Estudio Once damos un paso al costado. Porque las historias que van a escuchar a continuación, hablan mucho mejor que nosotros.

(Te invitamos a ver el informe completo a continuación. Si esta historia te moviliza, compartila. Demos visibilidad a los que construyen la esperanza).

Jorge  - Estudio Once Uruguay



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