La salud mental no es un problema individual ni estrictamente clínico, sino un campo atravesado por los derechos humanos, la memoria, las condiciones de vida y las responsabilidades colectivas. Así lo afirmaron los ponentes de una mesa de diálogo que cuestionó el encierro, la medicalización y la naturalización del sufrimiento, e insistió en pensar la salud mental como posibilidad de una vida digna, vivible y en comunidad.