Cada 1 de agosto, comunidades originarias y personas de todo el continente honran a la Pachamama, figura central de la cosmovisión andina. Más que una celebración puntual, se trata de un acto de reconexión espiritual, cultural y ecológica con la tierra, que durante siglos ha sido el sostén vital de la vida humana y no humana. Esta tradición, de profundo arraigo prehispánico, ha perdurado, resistido y evolucionado a través del tiempo, adaptándose a las realidades contemporáneas sin perder su esencia originaria.