


Hoy no alcanza con un día

Lo que cuesta soltar



La felicidad no es una sola cosa:






Hay cambios que se leen en el diario y cambios que se sienten en el cuerpo. La inteligencia artificial es de los segundos. Para algunas personas es una herramienta que les ahorra horas; para otras, un nudo en el estómago cada vez que escuchan «esto lo va a hacer una máquina». Muchas sienten las dos cosas a la vez.
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Este texto es para quien trabaja y se pregunta si su trabajo va a seguir existiendo, para quien tiene un emprendimiento o una empresa chica y no sabe por dónde empezar, para quien siente que llegó tarde y para quien acompaña a alguien en cualquiera de esas situaciones. No vamos a prometer nada ni a vender recetas. Vamos a contar qué dicen los estudios serios sobre lo que la IA nos está quitando, qué nos está dejando al alcance de la mano y cómo moverse en un mundo que hoy nadie parece controlar del todo.
Si quieres empezar por lo básico, qué es la IA y cómo funciona, tenes nuestro artículo Inteligencia artificial: qué es, para qué sirve y cómo cuidarte.
Si la IA te genera sentimientos mezclados, estás en buena compañía. En agosto de 2025, la consultora uruguaya Factum preguntó a 900 personas qué les despertaba la inteligencia artificial. Las respuestas más frecuentes fueron curiosidad, desconfianza e interés; mucho más atrás aparecieron la esperanza y el miedo. En Argentina, una encuesta de 2026 del Pew Research Center encontró que la respuesta más común es sentir preocupación y entusiasmo en partes iguales, y que una de cada tres personas directamente no sabe si la IA va a crear o destruir empleos.
Ese «no sé» dice mucho. La psicología lo estudia hace años: el investigador Nicholas Carleton propuso que el miedo a lo desconocido puede ser uno de los miedos más básicos que tenemos. Cuando no sabemos qué va a pasar, la mente rellena los huecos con el peor escenario. Y eso se nota en la vida diaria. La Asociación Estadounidense de Psicología encontró en 2023 que los trabajadores preocupados porque la IA vuelva obsoletas sus tareas decían sentirse más tensos y estresados en el trabajo que quienes no tenían esa preocupación.
Nombrarlo ya ayuda: no es exageración ni debilidad. Es una reacción humana frente a un cambio grande y rápido.
Conviene decirlo sin vueltas, porque negar lo que se pierde también angustia.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimó en 2025 que una de cada cuatro personas en el mundo trabaja en una ocupación con alguna exposición a la IA generativa, y que lo más probable es que la mayoría de esos trabajos se transformen y no que desaparezcan. Las tareas administrativas son las más expuestas, y los empleos de las mujeres aparecen más expuestos que los de los varones. Para América Latina, la OIT y el Banco Mundial calcularon en 2024 que entre una cuarta parte y más de un tercio de los empleos podrían verse afectados, pero que solo una pequeña parte corre riesgo de automatizarse por completo.
En otras palabras: lo más probable no es que tu trabajo desaparezca de un día para el otro, sino que cambie lo que haces dentro de él.
Donde ya se ven efectos medidos es en la gente que recién empieza. Un estudio de la Universidad de Stanford de 2025 encontró que, en Estados Unidos, las personas de 22 a 25 años que trabajan en las ocupaciones más expuestas a la IA tenían menos empleo que antes, en comparación con otras. Una explicación posible: las tareas que antes se le daban «al nuevo» para aprender son justamente las que hoy hace más fácil una máquina. Al mismo tiempo, un análisis de la Universidad de Yale del mismo año no encontró un sacudón general del mercado de trabajo. Las dos cosas pueden ser ciertas: el cambio todavía no es masivo, pero ya golpea a quienes buscan su primera oportunidad.
El Foro Económico Mundial estimó en 2025 que, para 2030, cerca de cuatro de cada diez habilidades que piden los empleos van a cambiar. Esto quizás es lo que más pesa: la sensación de que hay que volver a aprender. Y entre las habilidades que más van a crecer, además de las tecnológicas, el mismo informe nombra el pensamiento creativo, la capacidad de adaptarse y la curiosidad por seguir aprendiendo.
Lo que no se usa se debilita, y con la IA eso también pasa. Un estudio publicado en 2025 en la revista medicaThe Lancet Gastroenterology & Hepatology encontró que médicos acostumbrados a usar IA para detectar lesiones en el colon detectaban menos lesiones cuando volvían a trabajar sin ella. Otro estudio de Microsoft Research y la Universidad Carnegie Mellon, también de 2025, encontró que cuanto más confían las personas en la IA, menos pensamiento crítico dicen aplicar; y que cuanto más confían en sí mismas, más lo aplican. No prueban que la IA «nos atonte», pero avisan algo importante: si le delegamos todo, perdemos práctica.
La IA permite imitar voces y caras. El FBI advirtió en 2024 que delincuentes usan audios falsos con la voz de un familiar para pedir dinero, y recomendó acordar en familia una palabra secreta. En Uruguay, en noviembre de 2024, el Banco Central denunció un video hecho con IA que usaba la imagen de su presidente para promocionar estafas de inversión.
Ahora la otra mitad, que es real y vale la pena mirar con la misma seriedad.
Hasta hace poco, para tener una página web, un logo, un catálogo bien escrito, una traducción, un análisis de tus números o un primer borrador de un proyecto, había que pagarle a alguien o saber hacerlo. Hoy una persona con una idea clara puede hacer una primera versión de muchas de esas cosas en una tarde. El Índice de IA de la Universidad de Stanford registró en 2025 que el costo de usar un sistema de un mismo nivel cayó más de 280 veces en un año y medio.
Los estudios rigurosos muestran beneficios concretos. En un experimento publicado en la revista Scienceen 2023, profesionales que usaron IA para tareas de escritura tardaron un 40 % menos y entregaron trabajos de mejor calidad. En una empresa de atención al cliente, un estudio publicado en 2025 en el Quarterly Journal of Economics encontró que la productividad subió un 15 % en promedio, y que quienes más mejoraron fueron los trabajadores con menos experiencia: la IA les acercó lo que sabían hacer los más veteranos.
También las empresas chicas se están animando. La OCDE informó en 2025 que casi un tercio de las pequeñas y medianas empresas de los países que relevó ya usa IA generativa, y que muchas la usan para compensar habilidades o personal que les faltaban.
Algunos ejemplos de lo que hoy una persona puede hacer con poco dinero:
Acá está la parte que los vendedores de humo no cuentan. Un experimento con emprendedores de Kenia, publicado en la revista Management Science, les dio un asesor de negocios con IA por WhatsApp. A quienes ya tenían buenos resultados les fue mejor; a quienes estaban peor, la IA no los ayudó e incluso les fue algo peor. La diferencia estaba en saber qué consejo tomar y cuál descartar.
Un estudio de la Universidad de Harvard con consultores lo llamó «la frontera dentada»: en algunas tareas la IA ayuda muchísimo, y en otras, que parecen igual de fáciles, se equivoca con total seguridad. Quienes la usaron para tareas fuera de esa frontera acertaron menos que quienes trabajaron sin ella. Y una prueba con programadores experimentados, hecha con las herramientas de principios de 2025, encontró que con IA tardaron más, aunque ellos creían que habían ido más rápido.
Por eso la voluntad y las ideas claras son condición necesaria, pero no alcanzan. Hace falta criterio: saber qué queres, darte cuenta cuando la respuesta está mal y hacerte cargo del resultado.
Que algo sea posible no quiere decir que esté al alcance de todos. La OIT y el Banco Mundial calcularon que, en América Latina, cerca de la mitad de los empleos que podrían beneficiarse con la IA están en lugares o en manos de personas sin buena conexión a internet. En Uruguay, la encuesta de uso de tecnologías de AGESIC de 2024 mostró que tres de cada diez usuarios de internet ya usaban herramientas como Chat GPT, pero con enormes diferencias: casi tres de cada cuatro adolescentes, frente a muy pocas personas mayores de 64 años.
Si sos de las personas que sienten que el tren ya pasó, sabe que no estás solo y que no es tarde. Y si tenes a alguien mayor cerca, sentarte media hora a mostrarle cómo usarla puede ser un regalo enorme.
Sí y no. Es cierto que hoy nadie lo sabe todo: ni los científicos, ni las empresas que fabrican la IA, ni los gobiernos. Un estudio del Pew Research Center de 2025 mostró que los expertos en IA y el público general ven el futuro de formas muy distintas. Que nadie tenga todas las respuestas es, en cierto modo, liberador: tu manera de usarla, en tu oficio y en tu barrio, puede valer tanto como la de cualquier especialista.
Pero los gurúes no desaparecieron: cambiaron de disfraz. Hoy prometen «ingresos pasivos con IA», «tu negocio en piloto automático» o «la fórmula secreta del prompt perfecto». La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC) lanzó en 2024 un operativo contra empresas que usaban la IA para engañar, y en 2025 demandó a varias más, entre ellas una que, según la FTC, prometía ingresos pasivos garantizados con IA y otra que, según la demanda, causó pérdidas de hasta 250.000 dólares a pequeños empresarios.
Algunas señales para desconfiar:
Lo que sí sirve suele ser gratis o barato, aburrido y paciente: practicar, probar, equivocarse y volver a probar.
No podemos controlar hacia dónde va la tecnología. Pero sí podemos recuperar control sobre lo que hacemos con ella. Y eso, según la investigación, protege la salud mental: un estudio con profesionales de Corea del Sur, publicado en 2024, encontró que la llegada de la IA al trabajo aumentaba el estrés, pero menos en quienes se sentían capaces de aprender a usarla. Otro estudio de 2025 encontró que la ansiedad frente a la IA dependía más de la experiencia y de la apertura a aprender que de la edad o el género.
O sea: tocarla, aunque sea un poco, baja el miedo.
Regla de oro: la IA hace más rápido lo que ya sabes hacer, pero no te da el criterio que todavía no tenes. El criterio se cultiva con práctica, con preguntas y con otras personas.
En diciembre de 2025, la Universidad de la República encuestó a 702 trabajadores uruguayos. Más de ocho de cada diez prefieren que las decisiones importantes las tomen personas y no algoritmos. Tiene sentido. Una máquina puede escribir una carta, pero no puede elegir a quién mandársela ni hacerse cargo de lo que dice. Puede sugerir un plan de negocios, pero no puede sostener la mirada de un cliente ni bancarse una mala racha.
Lo que la IA nos deja en bandeja es tiempo y herramientas. Lo que hacemos con eso sigue siendo nuestro: aprender, crear, acompañarnos y elegir qué tipo de personas, de emprendedores y de empresas queremos ser.
Si la preocupación por tu trabajo o por el futuro te está quitando el sueño, las ganas o la tranquilidad, no lo cargues solo. Hablarlo con un profesional puede ayudar mucho.
Para preparar este texto usamos herramientas de inteligencia artificial, y el equipo de DEXAPEGO lo revisó contra las fuentes de abajo. Creemos que contarlo es parte de lo que enseñamos.