Las grietas de Brasil con Argentina y Paraguay: Lula encara a sus vecinos en plena tensión electoral

2026-08-10 17:27:29 - MUNDO

El mandatario argentino, Javier Milei, llamó a su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, "ladrón" y "presidiario", además de atacar al juez Tribunal Supremo Alexandre de Moraes por no dejarle visitar a Jair Bolsonaro, condenado a 27 años y tres meses de prisión por golpismo.  

Días después, Brasil llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, lo que es considerado una medida de presión muy severa, y decidió ir más lejos: no permitió su regreso y rebajó las relaciones diplomáticas con Argentina al nivel de encargado de negocios.

Una combinación de imágenes de los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva (izq.), el 22 de julio de 2026 en Brasilia; y de Argentina, Javier Milei, el 26 de octubre de 2025 en Buenos Aires

Analistas ya califican la situación como una de las peores crisis bilaterales de la historia contemporánea. Es un enfrentamiento que atañe también al mundo de los negocios. Hoy, el principal socio comercial de Argentina es Brasil. El año pasado, Brasil importó un 67,2% de vehículos de Argentina. Y eso a pesar del repunte de los autos chinos. Entre enero y junio de este año, las exportaciones hacia Brasil alcanzaron los 6.254 millones de dólares, mientras que las importaciones desde ese país sumaron 7.650 millones de dólares.  

Por su parte, Argentina es el tercer principal destino de las exportaciones brasileñas. En 2025, el país vecino fue el principal destino de las exportaciones brasileñas de vehículos, con 302.000 unidades, lo que supone un aumento del 32%. Sin embargo, las exportaciones brasileñas a Argentina cayeron un 18,1% en los últimos 12 meses. Datos del Ministerio de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios revelan que el mercado argentino perdió protagonismo y hoy representa apenas el 3,7% de las ventas externas del país.  

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El embate con Milei no es el único frente abierto para Brasil. Paraguay abrió recientemente una crisis diplomática de otra naturaleza. El motivo esta vez fue un conflicto ocurrido hace más de 160 años. Una frase de Lula sobre la Guerra de la Triple Alianza encendió la polémica en Asunción.

Durante una visita a una fábrica de armamento en São Paulo, el presidente brasileño afirmó que Paraguay había invadido Brasil, Uruguay y Argentina en 1864, al justificar la necesidad de que Brasil tenga unas Fuerzas Armadas preparadas para eventuales amenazas externas. La reacción paraguaya fue inmediata: el Congreso aprobó una declaración de repudio y el Gobierno de Santiago Peña convocó al embajador brasileño.

Fotografía del presidente de Paraguay, Santiago Peña (I), hablando con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, durante una cumbre de jefes de Estado del Mercosur.

Según el documento, las declaraciones del presidente brasileño "distorsionan y minimizan" la dimensión histórica del conflicto. Para Peña, el asunto tocó una fibra especialmente sensible. La guerra es un trauma colectivo de la memoria nacional paraguaya, ya que diezmó entre el 60% y el 70% de la población paraguaya, especialmente los varones. El conflicto es considerado el episodio más sangriento de la historia de América del Sur y, para una parte de los historiadores paraguayos, se trató de un "genocidio".

Lula habló por teléfono con el presidente paraguayo para abordar la controversia. La crisis diplomática entre ambos países fue zanjada con una estrategia de contención mutua. Sin embargo, el episodio reabre una herida más reciente.

En abril de 2025, la inteligencia brasileña fue acusada de haber realizado una operación de ciberespionaje contra sistemas del país vecino en busca de información confidencial sobre las negociaciones relativas a las tarifas de la central hidroeléctrica de Itaipú. Asunción llamó entonces a consultas a su embajador y exigió explicaciones a Brasil. El Gobierno de Lula negó que la operación hubiera ocurrido durante su mandato y ambos países intentaron encauzar el conflicto para retomar las negociaciones.

El resultado es un escenario poco habitual: Brasil, principal economía de Suramérica y principal potencia del Mercosur, llega a las elecciones de octubre enfrentado diplomáticamente con Argentina y con nuevo episodio de tensión con Paraguay. La pregunta ahora es hasta dónde puede llegar la crisis.

A primera vista, el momento parece especialmente delicado para el bloque. Argentina y Paraguay son dos de los cuatro miembros fundadores del Mercosur y ambos Gobiernos mantienen posiciones políticas alejadas de Lula. La relación personal entre el presidente brasileño y Milei es prácticamente inexistente. Con Peña, en cambio, Lula había mantenido hasta ahora una relación mucho más cordial. Los expertos consultados por France 24 coinciden en un aspecto: la tensión política no implica necesariamente una ruptura económica.

Eduardo Mello, profesor adjunto de Política y Relaciones Internacionales en la Fundación Getulio Vargas (FGV), considera que hay que separar el ruido diplomático de lo que sucede realmente en el terreno económico.

Lula y Milei, recuerda, no mantienen ninguna relación personal y aun así los países han seguido negociando asuntos centrales, incluido el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. "No creo que necesariamente estas crisis de declaraciones se conviertan en algo mayor, son típicas de un momento de elección", señala.

El actual escenario podría incluso reafirmar el liderazgo de Brasil en el Mercosur, según José Luiz Niemeyer, politólogo y profesor de Relaciones Internacionales del Instituto Brasileño de Mercado de Capitales de Río de Janeiro (IBMEC). "El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea cambiará nuestras vidas. Será un gran acuerdo para Brasil y para los europeos, que obtendrán grandes beneficios del acuerdo en materia de compras públicas, exportación de productos manufacturados y proyectos para Brasil. Y nosotros también ganaremos mucho, por ejemplo, en el sector agroindustrial y en el de energías alternativas. Por tanto, será muy beneficioso para Brasil. Y este beneficio para Brasil es mucho mayor que para Argentina", defiende Niemeyer.

En su opinión, la interdependencia económica limita enormemente la posibilidad de que las diferencias políticas destruyan el bloque. Argentina necesita del mercado brasileño y Paraguay mantiene una fuerte relación económica con Brasil, también a través de Itaipú. "El Mercosur es fundamental para Brasil, pero es mucho más fundamental para los países del Mercosur que Brasil permanezca en el Mercosur y fuerte", defiende Niemeyer. En otras palabras, Argentina y Brasil pueden atravesar una de sus peores crisis diplomáticas en décadas y, al mismo tiempo, seguir siendo socios comerciales fundamentales.

Detrás de esta disputa regional aparece, inevitablemente, Estados Unidos. La crisis entre Lula y Donald Trump también ha alcanzado un nivel inédito. Washington revocó recientemente el visado de la embajadora brasileña en Estados Unidos, Maria Luiza Ribeiro Viotti, en plena escalada diplomática entre ambos países. El conflicto se suma a las tensiones comerciales, con la imposición de nuevos aranceles del 25% sobre las exportaciones brasileñas, y a las acusaciones brasileñas de injerencia estadounidense en las elecciones de octubre.

Las relaciones entre Brasilia y Washington han pasado por altibajos durante meses, ya que Lula y su antípoda ideológica, Donald Trump, se han enfrentado por los aranceles, la libertad de expresión y el poder judicial brasileño.

Para José Luiz Niemeyer, esta sucesión de conflictos responde a una misma lógica: los dirigentes utilizan la política internacional como "palanque externo", es decir, como escenario para librar batallas de política interna. Es en esta lógica que Milei critica a Lula, pero no es el único. "El partido político del presidente Lula, el PT, también lo hará durante toda la campaña: hablará de soberanía económica y de soberanía política. Aunque haya algo de realidad en ello —porque el fuerte aumento de tarifas fue un absurdo—, también es una forma que tiene Lula de utilizar la escena internacional como plataforma política", señala Niemeyer. Desde esa perspectiva, Milei, Trump y Lula no solo están hablando entre Gobiernos. Están hablando también a sus propios electorados.

El enfrentamiento diplomático ya ha adquirido una dimensión electoral. Desde el año pasado, Lula ha convertido la defensa de la soberanía brasileña en uno de los ejes de su precampaña. El conflicto con Washington le ofrece la posibilidad de presentarse como el presidente que resiste las presiones de Trump, mientras que Milei, aliado del mandatario estadounidense y de Flávio Bolsonaro, refuerza involuntariamente ese mismo relato al atacar personalmente al presidente brasileño.

De momento, el apoyo de Trump y Milei a Flávio Bolsonaro no parece estar influenciando la intención de voto de los brasileños. Una encuesta de Genial/Quaest publicada a mediados de julio muestra que para el 42% de los consultados los aranceles estadounidenses aumentan su intención de votar a Lula, frente al 27% que se inclinaba hacia Flávio Bolsonaro.

Brasil se acerca a unas elecciones polarizadas, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y al aspirante de extrema derecha Flávio Bolsonaro como protagonistas. Pero, más allá de la disputa interna, estos comicios plantean otro frente: la rivalidad entre EE. UU. y China.

"No tengo duda de que las presiones externas pueden convertirse en una ventaja electoral para el presidente", rebate el profesor Niemeyer. A su juicio, el enfrentamiento con Trump y la defensa de la soberanía pueden funcionar como un poderoso elemento de movilización de la izquierda y del centroizquierda. Y cuanto más aislado diplomáticamente pueda parecer Brasil en una América Latina cada vez más inclinada hacia la derecha, más argumentos puede tener Lula para presentarse ante los brasileños como el último gran bastión de un proyecto de centroizquierda en la región.

Pero esa estrategia tiene límites. Para Eduardo Mello, el conflicto con Estados Unidos sí puede ayudar a Lula, aunque de manera limitada. El factor decisivo, añade, seguirá siendo la economía doméstica. Mello recuerda que la política exterior tiene un peso relativamente pequeño en las decisiones del elector brasileño. "La mayor parte del electorado brasileño es muy pobre para preocuparse por este tipo de cosas", sostiene. Para él, incluso una ofensiva internacional coordinada contra Lula tendría dificultades para imponerse a los problemas cotidianos de los votantes.

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Fuente: france24.com
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