
Más allá de la medalla: La revolución de la salud mental en la alta competencia

Antes, el deportista de élite tenía que ser un robot.
Se lo educaba para aguantar el dolor, jugar infiltrado y soportar la presión inhumana de millones de personas mirando por televisión.
Llorar o decir "no puedo más" era sinónimo de debilidad y fracaso. Afortunadamente, esa era se terminó.
En los últimos grandes eventos mundiales, hemos visto a campeones olímpicos y estrellas de primer nivel frenar la pelota, retirarse de una final y decir frente a las cámaras: "Mi cabeza hoy no está bien, me retiro para cuidarme". Ese acto de vulnerabilidad pública es revolucionario. Nos enseña a todos, desde el gerente de una empresa hasta el pibe que juega en las inferiores de nuestro pueblo, que ningún trofeo, ningún sueldo y ningún éxito profesional vale la pena si el costo es perder la paz mental.
Normalizar que a veces "no poder" está bien, es el mayor triunfo deportivo de nuestra era.
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